jueves, 19 de noviembre de 2009

Ya ha llegado


Ya está aquí. Ha venido despacio, sin darse importancia, ajeno a las voces que reclamaban su presencia, que le echaban de menos. Ha llegado distraído, sin anunciarse, sin las alharacas a las que tan adeptos son otros compañeros. Él no, prefiere colarse sin llamar, sabe que está de paso, que pronto cogerá sus trastos, sus pinceles y su paleta y marchará a otros lares. No se puede decir que la fidelidad sea una de sus cualidades. Sí, es cierto que siempre vuelve, que una y otra vez te hará compañía, pero nunca te regalará un amor duradero, ni siquiera sabrás cuánto tiempo permanecerá contigo. Te dejará disfrutar de su dulzura, de su calidez, de su melancolía y cualquier mañana notarás que se ha marchado tal y como llegó, sin avisar.

Su melancolía tan alabada por poetas, pintores y sufridores del mal de amores. Y él se deja querer. Le gusta escuchar esas loas casi siempre un poco tristes, esos cantares lánguidos que unos y otras le dedican. Nunca ha tenido envidia a esos otros que van derramando alegría, que se pintan de mil colores y de los que se dice que hacen despertar todos los instintos dormidos, o que abrasan los cuerpos y los corazones. No, él prefiere el ritmo lento, el cosquilleo de una caricia como una hoja recién caída deslizándose por tu espalda, el crepitar de una chimenea como única banda sonora de una tarde de amor o el crujir de la alfombra roja que forman las hojas caídas de las hayas.

Hoy ha amanecido el día gris, la lluvia juguetona me ha saludado con su monótono borboteo cuando he salido de trabajar y el cielo encapotado se asoma curioso por mi ventana estirándose hasta el sillón en el que una fina manta me arrebuja e intentando saber sobre quien escribo.
Sí, ya está aquí. Ha venido despacio, se ha sentado frente a mí sin quitarse el gabán y me mira en silencio con su media sonrisa diciendo sin palabras que el crepitar del fuego aún tendrá que esperar porque esta tarde él será mi único amante. Me preparo un té con miel, dejo que Aute me cante a las cuatro y diez desde el Hafa café y me dispongo a dejarme conquistar por él, el esperado, quién sino el otoño que por fin ha llegado.

6 comentarios:

josé javier dijo...

Pues ese visitante, Magda, te pertenece sin dudarlo. Es un evento tuyo, privado y exclusivo. Disfrútalo mientras nosotros te envidiamos.

Narci dijo...

Qué suerte, ya con Otoño, y yo sin catarlo, con las ganas que tengo de volver a casa con un buen remojón, jadeando y delirante y con la piel impregnada de su perfume y su saliva.

Pero resulta que el muy... me la está pegando con doña Magdalena, y para colmo también me han robado esos minutos delestiales con Eduardito.

Como para fiarse una de las amigas, de los otoños y de los cantautores entraditos en años.

Precioso texto, cargadito de poesía, encanto y seducción. como su autora.

Besos

Magda dijo...

Jajajajajajajajaja. Eres la pera, Narci. ¿Que tal si compartimos el tiramisú de Sabina?

José Javier, el otoño compartido es mucho más dulce.

Un abrazo a los dos.

Narci dijo...

¿Pera, pera...? Dejémoslo en melona.

Pues mira, aunque las canciones de sabina me hacen vibrar y las de Aute me tocan las entretelas, puestos a compartir, si no te importa, prefiero compartir a Don otoño, que me han dicho que funciona mejor en el tálamo, porque al parecer, por él, no pasan los años, sino que es él quien pasa por los años cuando le viene en gana, y con cada pasada se rejuvenece, al tiempo que se hace más cálido, y va aprendiendo todas las técnicas conocidas acerca de cómo elevar a las mujeres maduras hasta las más altas cumbres del placer y la entrega. ;-)

Besitos, guapa.

Anónimo dijo...

Quiero ser otoño

Magda dijo...

Anónimo, ¿para ser un infiel de ida y vuelta? ¿para que te alaben poetas, artistas y otras gentes de mal vivir? ¿para dejarte querer? ¿para ser mi único amante acompañado por Aute? ¿para que me deje conquistar por ti?

Gracias por pasar, seas quien seas.