martes, 24 de noviembre de 2009

Placeres


Placeres cotidianos

Caminar descalza por la hierba sin cortar; jugar a las cuatro esquinas entre los aspersores y reír a carcajadas mientras piensas que cada día estoy más loca; espiar a la lagartija que se arrastra nerviosa por el muro o a la araña que teje su trampa lentamente, y esperar paciente para ver como la avispa cae en ella; cerrar los ojos y oír mezclados los trinos de los pájaros y las voces a lo lejos sin interesarme lo que dicen; dejarme acariciar por el aire cálido de la tarde mientras el mundo se esconde del calor; oler el aroma a bizcocho recién hecho insinuándose desde la cocina; saber que no tengo a nadie a mi alrededor y mi tiempo, al menos brevemente es sólo mío; escuchar el motor de un coche y saber que eres tú; dormirme exhausta entre tus brazos y amanecer acurrucada en ellos; el masaje de sus manos en mi cuello aún sabiendo que algo me va a costar porque es un zalamero; nuestros diálogos de besugos a la hora de la cena y las risas de la sobremesa; el bocata de jamón con tomate después de una semana de régimen.

Placeres extraordinarios

Quedarme dormida sobre la hierba y al abrir los ojos ver sobre mí el cielo azul enmarcado por las altas crestas de los montes; la lluvia golpeando rítmicamente el techo de mi caravana mientras leo ese libro gordo que lleva meses tentándome desde la estantería; el último fin de semana de junio cuando el trabajo se ha acabado de repente; despertarme al amanecer para ver partir a las barcas desde un puerto en algún rincón de La Costa de la Muerte; un atardecer en alta mar; su amplia sonrisa al entregarme el boletín de notas aprobadas y su abrazo ante mi comentario de que la mitad me pertenece; las copas y la charla con amigos arreglando el mundo a altas horas de la madrugada; una cena a solas contigo sin prisa para volver a casa; la bajada del Puerto del Escudo de madrugada, cuando el mundo empieza a despertarse; el agua del mar acariciando mi piel bajo las estrellas; escribir algo que me guste especialmente (éste es un placer realmente extraordinario). Vivir.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Narci dijo...

Exquisitos placeres, Magda, tanto los cotidianos como los extraordinarios. Me quedo con todos ellos, especialmente con el del bocata y con el de escribir, junto con todos los relacionados con el mar y la costa.

Soñaré con todo ello mientras sigo con mi tema 17, preparándome para poder algún día disfrutar con los boletines de notas. El mayor de mis sueños.

Un abrazo.

josé javier dijo...

Es la descripción puntual de una vida plena, Magda, y el mérito no está en el tomate, ni en el puerto del escudo, ni en los pescadores que salen a faenar, sino en quien sabe disfrutar de todo eso.