sábado 7 de noviembre de 2009

En el número siete





Tengo un piso alquilado en el número siete. Es un apartamento muy pequeño, casi un trastero a no ser por la luz de la luna que se cuela, sigilosa por las ventanas, rasgando la penumbra que me envuelve en las noches eternas de un mes de abril que robé a un calendario e hice mío para siempre. Es poco más que un cuarto donde viven mis libros y mi música; donde se esconden los sueños rotos al chocar con los muros de la realidad que dibujan tantos hombres de traje gris.

En esa solitaria habitación, en las mañanas abro de par en par las dos ventanas y tomo asiento con el portátil sobre las rodillas o tirados los dos sobre la cama. Y me dejo con placer bañar por él, por el rey, cual Eva tomando el sol. Absorbo su calor que me recorre y se desprende por la yema de mis dedos violando el blanco inmaculado que me regala la pantalla. Y pierdo la noción de los días y las noches al ritmo que marca mi vecino del cuartucho de al lado, que dice que es poeta y se inventa canciones y cuenta que quiere *“recuperar de nuevo el nombre de las cosas, llamarle pan al pan, vino llamar al vino y al sobaco sobaco”

Y me refugio de la vida cotidiana sin móvil ni Internet hasta que un gato comienza a maullar cerca de mi ventana diciéndome que es hora de volver a los ruidos que no son más que signos de vida cotidiana, y esperando de nuevo regresar a mi guarida, la del número siete.

Se me olvidó deciros el nombre de la calle. No podía ser otro, Calle Melancolía.


* El entrecomillado pertenece a la canción “Palabras como cuerpos” de Joaquín Sabina, culpable al fin y al cabo de todo el texto.



Ésta es para ti, porque te gusta Sabina, como a mí.

martes 13 de octubre de 2009

Fantasmas


Ellos aún están de vacaciones, su tiempo pasa con la laxitud que sólo a su edad se puede disfrutar. Los pasillos y las aulas siguen vacías de alumnos. Sólo fantasmas pueblan los espacios. Fantasmas que te rodean, te sobrepasan mirándote de reojo, sin apenas ocuparse de ti. Te recuerdan los propósitos no cumplidos de principios de cursos anteriores, cambios no realizados, cuadernos no corregidos, promesas olvidadas. Y mientras tú te planteas uno y mil proyectos para este nuevo curso, ellos se ríen, cuchichean, te señalan con ese dedo imaginario. Saben que otra vez, dentro de unos pocos meses, encontrarás excusas para el incumplimiento de tantas promesas hechas a ti mismo.


Los ves sentados a las mesas, no sabes cómo pero ahí están, son los alumnos por los que no hiciste suficiente, los que no supiste ver, los que no daban guerra y ni notaste que estaban en clase, los que nunca salían voluntarios, los que ni siquiera entendían lo que decías porque no hablaban tu lengua. Este año lo harás, te fijarás en ellos, les ayudarás desde el primer día. Y oyes las carcajadas mudas, ves sus caras escépticas, despectivas, espeluznantes. Y se te pone la carne de gallina cuando te das cuenta que los fantasmas se transforman en sillas invertidas sobre las mesas, invertidas como lo hiciste tú cuando te convenciste de haber hecho todo lo posible y el borrador deja virgen, inmaculada la pizarra de tu conciencia.


En los patios dormitan los fantasmas más ruidosos. Los del juego olvidado, de las canastas hambrientas de mates, las porterías en espera de los goles, esos con los que les preñan los chavales de rodillas rotas y los otros, los que intentamos meter pero ellos, todos inteligentes paran una y otra vez haciéndonos retirar la mirada.


Y me siento en la sala de profesores vacía, en la que se desplazan apenas en un murmullo los fantasmas escondidos en las tazas de café, los que saben de críticas veladas, de cotilleos dichos en voz baja, de dimes y diretes. Salgo recorriendo otra vez los pasillos, miro de frente a los fantasmas, les pido otra oportunidad, una más. Tras la ventana, por el portón de la verja comienza a oírse el bullicio de los primeros alumnos.


Comienza un nuevo curso. Respiro. No me gusta cuando se puede oír el eco del silencio.

jueves 1 de octubre de 2009

El fantasma


Una noche más entraste en su habitación, la viste tendida en su cama. Ahí desnuda, sin más sábana que su piel resultaba turbadora, deslumbrante. De nuevo te quedaste paralizado por su belleza que incitaba a acariciarla. Ella te mostraba sus muslos, la curva de sus caderas, dejaba entrever uno de sus delicados pechos, pero tú seguías inerte, maravillado ante la mujer que allí dormía, con miedo de tocarla por si el roce de tus dedos mancillaba ese espléndido traje. Una mujer joven que parecía ofrecer su cuerpo sin saber a quién. Te sentaste en el sillón sin dejar de mirarla, como llevabas haciendo noche tras noche casi una eternidad pensando que en ocasiones como ésta valía la pena eso de ser fantasma.


De pronto ella se levantó muy despacio, se dirigió hacia el sillón vacío desde donde tú la observabas absorto a la vez que sorprendido. Parecía tan segura. Se detuvo justo delante de ti y mirando a través de tu cuerpo inexistente extendió sus brazos pidiendo los tuyos. A pesar de tu asombro no pudiste resistirte y tus manos se aproximaron a su cuerpo casi hasta rozarla levemente, como si fueses suave brisa. Ella se acercó más a ti y con una maestría inesperada hizo caer la sábana que te cubría. Te sentiste desnudo, indefenso después de tantos siglos. La mujer te abrazó, te cubrió con el vestido de su piel perfecta que utilizó para dibujar cada línea de tu cuerpo. Así, sin dejar de abrazaros ni un momento deshicisteis la cama. Cuando la luz del alba se colaba por la ventana ella descubrió para quién había sido el ofrecimiento eterno de su cuerpo, y tú te diste cuenta de que la invisibilidad de los fantasmas a veces es sólo una leyenda.

martes 13 de mayo de 2008

Amores lésbicos


No es fácil decirte lo que siento, ni lo es rozar tus manos encima de la mesa, ni mirarte a los ojos y soportar tu mirada en la mía. No puedo aparentar serenidad cuando tu risa fresca me hace temblar como una espiga, cuando te quito descuidada un pelo inexistente en tu hombro desnudo. No puedo ver tu vestido cayendo en el probador de señoras sin sentir como vibra todo mi cuerpo, ni puedo acompañarte en cada viaje de negocios y compartir habitación contigo y aparentar que no te quiero.

No me hizo falta hablarte cuando por fin tus dedos respondieron a mi mano encima de la mesa y tus ojos se perdieron en los míos, y tu risa se cegó en mi boca y mis manos recorrieron tu pelo mientras las tuyas quitaban el tirante de mi blusa y fuimos dos espigas al viento acariciándonos los senos. Y los vestidos acabaron en el suelo ayudados por nuestras torpes manos que se volvieron sabias dibujando nuestras curvas, jugando con nuestras caderas. Y desde entonces ya no han hecho falta más viajes de negocios, compartimos habitación y casa y ya puedo decirte que te quiero.

jueves 24 de abril de 2008

Consejos de andar por casa

Haz de tu vida virtud
De la virtud costumbre
De la costumbre lema
Y verás lo aburrida que es la vida



No creas esa gran mentira “las oportunidades sólo pasan una vez en la vida”. Lo que tienes que hacer es tener los sentidos alerta y cuando pasen, agarrarlas aunque sea de los pelos.


Ríete de quien tienes a tu lado,
Ríete del vecino de enfrente,
Ríete de tu jefe,
Ríete de tus hijos,
Y sobre todo, ríete de ti mismo.




No bebas, no fumes, no engordes, no maldigas, no blasfemes, no peques. Serás un muerto modélico.

Ríe, llora, grita, canta, disfruta, sufre,
Sueña, VIVE

sábado 19 de abril de 2008

PREMIO CALIDEZ




Premio otorgado por Liliana Varela
http://losescritosdeliliana.blogspot.com

Por la humanidad que destilan sus escritos les paso este premio a:

http://modetratojosef.blogspot.com
http://magdalenagabetta.blogspot.com
http://losescritosdeemilio.blogspot.com
http://losescritosdelena.blogspot.com
http://www.epaciosvacios.blogspot.com

Este premio está sometido para aceptarlo, a las siguientes reglas:
*Publicarlo en un post haciendo relación al autor y blog de quien te lo otorga.
*Hacer un enlace al blog citado.
*Elegir cinco blogs en los que consideres similares cualidades (calidez)
que aquellas por las que lo recibes.
*Enlazar los blogs nominados.
*Hacer constar estas reglas.

jueves 17 de abril de 2008

Finales


Se fue, recogió sus pocas pertenencias y marchó una mañana muy temprano. Yo me quedé mirando mientras su silueta se perdía por el sendero. Intenté sentir el corazón roto, destrozado por su ausencia pero no, ni siquiera pensé en la soledad o en el vacío de la casa sin ella.

No sé si fue el cansancio o la desidia que poco a poco, casi sin notarlo se fue instalando entre nosotros transformando en rutina el antiguo deseo. Puede que fuesen los excesos del amor regalados, la pasión, desbordada sin medida a lo largo de los años, sin pensar en guardar para el futuro y que acabó apagándose, gastándose hasta agotarse. No lo busqué, ni lo decidí, sólo sé que ocurrió, que el pozo estaba seco y ya no paseábamos de la mano en los atardeceres, comiéndonos a besos en cualquier callejón oscuro en ciudades reales o inventadas. Dejamos de vivir en esos libros compartidos al calor de la lumbre, y compramos dos sillones, y cada uno tenía su lugar en el espacioso salón, y la chimenea ya no calentaba.

Sólo el hastío terminó habitando los espacios comunes, incluso esas fotografías hechas en el verano con las sonrisas tan falsas como la felicidad que compartíamos. Incluso ahí, en esas fotos intentamos agarrar los hilachos que aún quedaban de épocas pasadas, de risas que antes fueron alegría y ahora sólo caricaturas.

Y recogió sus cosas, sus pocas pertenencias porque nunca quiso ser dueña de nada. Y mi mirada la acompañó hasta perderse en el camino. Luego entré en la casa y cerré la puerta. El silencio, el mismo que nos había envuelto los últimos inviernos me acompañó mientras me senté a leer en el cómodo sillón al lado de la chimenea que ya no calentaba. Escuché como tantas otras veces la música sin oírla, y mis ojos, sin querer se posaron en aquella fotografía de una pareja abrazada sobre un puente, pero ni siquiera rodó una lágrima.