domingo, 19 de febrero de 2012

Yo no quiero


...yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

(Joaquín Sabina)


Yo no quiero días determinados
en que vengas y muestres tus amores
escondido tras un ramo de flores
o trayendo poemas bien rimados.

Yo no quiero caballeros andantes
que por amor rasguen sus vestiduras
y se pongan corazas de amargura
o me muestren sus yelmos más brillantes.

Sólo quiero ardor precipitado
galopando al compás de mis caderas
sintiéndote caballo desbocado

Y morir enredada entre tus piernas
y matarte acoplado a mi cintura
provocando que estallen mil galernas.

viernes, 10 de febrero de 2012

El Puente


Muchas veces se ha dicho que la vida es un viaje, un caminar con un rumbo fijo en el que se pueden tomar muchas carreteras secundarias. Yo prefiero ver esto del vivir como un conjunto de viajes, diversos tanto en modo como en número, todo depende de las ganas de aventura del viajero.

Todos disfrutamos de un viaje iniciático, ése que nos lleva por la senda de los descubrimientos, de las primeras veces, el primer amor, el primer desengaño, el primer trabajo, el primer placer sexual primero solitario y después compartido. Es en esos momentos cuando empezamos a coger las riendas de la vida, aunque sea de una forma insegura, inmadura y muchas veces irresponsable. Generalmente es un momento del viaje que se vive pero no se disfruta, marcado por emociones fuertes, por la furia de la juventud recién nacida pero sin darnos cuenta de ello realmente.

A partir de esa iniciación seguiremos navegando con más o menos fortuna, entre olas de marejadas o lánguidos recodos en el río de la vida. Aprenderemos a patronear nuestro barco para que se mantenga a flote contra viento y marea, y en la mayoría de las ocasiones nos conformaremos con hacerlo avanzar en aguas mansas, lentamente, atracándolo en algún puerto que nos parezca a salvo de los huracanes y de las tormentas, sin darnos cuenta que terminamos instalándonos en una calma chicha. Entonces dejaremos de ser marineros y nos convertiremos en náufragos de tierra adentro, acostumbrándonos a su estabilidad, a los árboles bajo los que protegerte cuando se levanta una ventisca o a una cálida guarida en los días de temporal. Y el tiempo irá pasando, lento pero imparable, y empezarán a aparecer las arrugas, quizás de tanto forzar los ojos para buscar, sin darnos cuenta, ese mar inquieto que aún olemos allá a lo lejos. Y pensaremos que es hermoso encarar la bravura de las olas en la cubierta de un barco, sintiendo el salitre en la cara y el calor del sol en la piel.

Y cualquier noche sin luna la vida nos da una segunda oportunidad, y nos tiende un puente. Un puente largo, interminable, robusto. Y notamos que cruza el río de nuestra existencia aunque nuestros ojos no alcancen a ver el final. Y noche tras noche, mañana tras mañana nos asomamos a él, y damos algunos pasos pero cada vez parece más y más largo y creemos que nos faltarán las fuerzas para alcanzar el final, o que el esfuerzo no valdrá la pena. Y quizás nos de miedo la convicción de que una vez que lleguemos al otro lado tendremos que quemar nuestras naves y el paso, ahora tan recio desaparecerá de nuestra vista. Y nos acercamos al río día tras día, y vemos sus islas, y mojamos los pies en su orilla noche tras noche cuando la luna nos ilumina, y volvemos a escondernos en nuestro bienestar fabricado de rutina, de indiferencia, de hastío.

Y en las noches sin luna, cuando pensamos que nadie nos ve volvemos a asomarnos al borde del puente, y sentimos la corriente del río que va hacia ese mar que llevamos tanto tiempo añorando. Y a veces la vida nos sorprende y otro náufrago también instalado en la seguridad de la tierra se para con nosotros para asomarse a disfrutar de la brisa, y comentamos el frescor que trae el agua, y lo deliciosa que es la noche, y lo bonito que sería sentir el movimiento del barco de nuevo bajo nuestros pies. Y sin darnos cuenta comenzamos a hablar y a hablar de los barcos y de las noches de tormenta y los días en los que el sol nos acariciaba en alta mar, y de la emoción de dirigir la nave de la vida, y del deseo incontenible de alcanzar las crestas de las olas. Y de repente vemos que hemos empezado a cruzar el inmenso puente, tímidamente, sin llegar demasiado lejos y asustados volvemos al origen. Pero ya es irremediable, el veneno viajero ha calado en nosotros. Habrá más noches sin luna en las que aproximarnos al puente y dar cortos paseos, y volveremos a encontrarnos al náufrago que quien sabe si nos está esperando para atreverse a recorrer en compañía ese camino desconocido. Y después vendrán las noches de luna nueva, cuando el camino se adivine allá a lo lejos y poco a poco, sin pensarlo, sin proponérnoslo sigamos avanzando envueltos en una charla amable, reflejando no tus ojos o tus pensamientos en los suyos sino ambos en el agua. Y ya no querrás mas que cruzar el puente, sin prisa, tomándote todo el tiempo necesario para recorrer la larga senda que te hará vislumbrar el final de esa tierra firme, que te conducirá a esa aventura compartida de volver a zarpar. Y tal vez tengas suerte y te atrevas a andar ese camino hasta dar el último paso que te lleve a dejar la seguridad tediosa que te envuelve desde hace tanto tiempo y surcar el mar de inseguridades que representan todas las aventuras. Y ya no será otro viaje iniciático sino una singladura que vivirás en todo su apogeo, que gozarás y sufrirás, que adorarás y odiarás, que en definitiva te hará sentir viva.

Y quizás seas de esas personas afortunadas a las que un náufrago tuvo la paciencia de aguardar al comienzo del puente y han hecho juntos ese camino de final incierto, y subido a bordo de un frágil velero que intentarán llevar a buen puerto pero sólo para recalar el tiempo justo para abastecerse y seguir bogando, sin rumbo fijo, sólo gozando de lo que la travesía les ofrezca, por que ambos saben que la vida es la que marca el derrotero de este viaje y a los marineros sólo les queda aprovechar los vientos favorables para no naufragar.

domingo, 29 de enero de 2012

Esos locos que enseñan


Esto no es mío, circula por internet pero no podía dejar de hacer este homenaje en los tiempos que corren.


Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano por la mañana y están en el colegio una hora antes,otros salen del colegio una hora más tarde porque tienen entrevistas con los padres que trabajan y no pueden acudir a otra hora, otros recorren todos los días más de 50Km de ida y otros tantos de vuelta. Llueva o truene llegan al trabajo. Están locos.
En verano les dan vacaciones, pero no se desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el semestre siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, siempre fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.
Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recoger el dinero, en otras palabras, asumir responsabilidades extra.

Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa.
Son mujeres y hombres, casados, solteros,...de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.

Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero les han recortado el sueldo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que no los valoren, les critiquen e incluso les quiten autoridad, (a veces hasta les agreden), pero ellos siguen hacia adelante.

Están mal; por las tardes se quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse.

Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan.

Están mal de la cabeza, yo los he visto. Dicen de algunos que fueron muy importantes, que siempre tienen palabras de aliento; dicen sólo que son MAESTROS y que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO.

sábado, 28 de enero de 2012

Claro de luna



Oscuridad perpetua, negrura, desaliento. Las noticias recorren el espacio, el tiempo sin dejar un resquicio al optimismo. Las almas visten luto cubiertas por la desesperanza. Ya ni los cielos lloran, se secaron sus lágrimas y llegó la sequía que sólo deja sembrar muerte e inmundicia. Los niños no comen ni los mocos en el cuerno de África. Algún juez es juzgado por querer aclarar los crímenes de guerra (y de postguerra). En Grecia encontramos carteles de “se vende” colgados en sus ruinas, los pobres son más pobres, los ricos son más ricos. Mordazas enmudecen todas las libertades o los gritos para recuperarlas. Ya todo está perdido.

Y de pronto a lo lejos, sin poder descifrar cuál es su procedencia se escucha la melodía serena de un piano. Poco a poco la luna parece despertarse, desperezarse con ojos asombrados para buscar a ese hombre que planta cara a la desesperanza retando al cruel destino que parece esperarnos. Allí está solitario enfrentándose al mundo a través de sus dedos que acarician las teclas y desgranan sonidos que conforman la esperanza / melodía que hará que de nuevo amanezca en la Tierra, en nuestras almas.

martes, 17 de enero de 2012

Predicción meteorológica


Sentados a la mesa,
frente al televisor rey de la casa
escuchan la predicción del tiempo,
ese espacio que divide el día.
La tarde y la mañana
unidas por ese nexo absurdo
que es el hombre del tiempo.

¿Y qué es lo predice?

Que el tiempo está revuelto,
el cambio climático
se va haciendo notar.
Y el anticiclón
del mes de enero
hace que el hielo llegue
para instalarse
entre los engranajes
de este reloj mal engrasado
transformando las tardes
en carámbanos sin alma.

Y la nieve cae lenta,
y su blanca tristeza,
removida
con la cucharilla del café
se cuela entre los huesos
entre los huesos
de sus almas,
sólo a la espera
de que el tan cacareado
cambio climático
traiga la primavera
para que gota a gota
se produzca el deshielo
en ese temporal
que los congela.

sábado, 14 de enero de 2012

Sin contacto


Hazme volar,
préstame tus palabras transformadas en alas
y sin pausa llévame hasta tu cielo,
atrápame en tu suelo.
Condúceme a través del tiempo, del espacio,
Entrelazando además de tus piernas con las mías
tus noches con mis días
tu verano y mi invierno.

Recórreme, libando tu deseo
con cada una de tus letras,
cada uno de mis versos transformados
en dedos que acaricien
en manos que se pierden por tu cuerpo
lejano , tan cercano
presente, imaginado en cada línea

Dirígeme, atravesando mares,
trapidar hacia el abismo de tus ojos
para después posarme lento
en la placidez de tu mañana,
en el sol tibio de mi ocaso
entre tus brazos.

martes, 10 de enero de 2012

También a veces


A veces me apetece hablar bajito, ir haciéndome cada vez más pequeña hasta ocupar sólo el espacio que tus manos abarcan y dejarme mecer en ellas hasta dormir.

A veces quisiera no ser mas que el punto de luz que regala una luciérnaga revoloteando a tu alrededor, observando el mundo a través de tus ojos, prendándome de tu sonrisa y olvidarme de que soy un ser independiente, que no vivo por ti.

A veces me gustaría ser una explosión de fuegos de artificios, repartir la alegría que me sobra, atrapar los paisajes cotidianos para que nunca puedan desdibujarse y compartir la luz que convierte en puro brillo la luna nueva.

A veces me miro en el espejo y veo al gato risón acompañando a Alicia al otro lado, y no quiero quitarme el vestido de rayas que me arropa mientras llega el invierno.

A veces me gustaría parecerme a esa crisálida que encuentro en la mañana acurrucada en una hoja de hiedra trepadora en un jardín, o una gota de lluvia resbalando perezosa por el cristal dormido en esta noche.

A veces, muchas veces, me tumbaría en la hierba de un prado sólo mirando al cielo sin importarme si es el sol o las nubes quien me hace compañía y daría en silencio mil gracias a la vida.


Por si te asomas.